Más del 80% de los escolares de Bench Maji, al sudoeste de Etiopía, están afectados por la esquistosomiasis, comúnmente conocida como “fiebre del caracol”. La enfermedad, que es causada por los platelmintos parasitarios, puede infectar el tracto urinario y los intestinos.

Puede tratarse con medicamentos y mediante cambios en la infraestructura y el comportamiento, como la accesibilidad a inodoros y a agua limpia. Lograr que eso sea posible en zonas rurales de Etiopía ha sido un reto de diez años para la Fundación NALA.

La organización, fundada por el renombrado inmunólogo israelí Zvi Bentwich, firmó recientemente un acuerdo de colaboración de tres años con la compañía farmacéutica Merck, que ha donado más de 19 millones de tabletas de praziquantel en Etiopía desde 2007, lo cual ha ayudado a unos siete millones de niños a combatir la enfermedad.

El acuerdo da a entender que los medicamentos por sí solos no pueden detener la propagación de la esquistosomiasis.

“Nos llevó 10 años desarrollar un modelo para cambiar el comportamiento [de la gente]”, dijo Bentwich a ISRAEL21c. Pero una vez que se presentó, fue Merck quien llamó a la puerta.

“Nos dijeron: ‘Ahora estamos convencidos de que dar medicamentos solamente no es suficiente. Tenemos que combinar la medicación con la educación para la salud’”, explicó Bentwich.

Un tercer socio, también fundamental, es parte del acuerdo: el Ministerio Federal de Salud de Etiopía, que está adoptando el modelo de NALA en el país.

“En un futuro próximo, llegaremos a todo el país, lo que significa llegar a los cientos de millones de personas que hay en Etiopía,”, dijo Bentwich.

El proyecto se expandirá más adelante a otros países y Camerún podría ser el próximo.

El doctor Zvi Bentwich en Etiopía. Cortesía de NALA.

El enfoque conductual de NALA puede parecer obvio: conceptos básicos como enseñar a los niños a lavarse las manos, usar el baño para defecar y orinar, en lugar del campo, y no exponerse al agua sucia. Pero para crear resultados duraderos toda la sociedad debe participar en la misión.

“El profesor enseña a los alumnos, también participan los padres y Ejército de Mujeres para el Desarrollo [una red de mujeres laicas que se encargan de cuestiones de salud comunitaria en todo Etiopía],” dijo Bentwich.

NALA también ha reclutado estudiantes universitarios que se ofrecen como voluntarios para garantizar que los mensajes lleguen a la sociedad.

Inauguración de nueva instalación para lavarse las manos en Mekelle. Cortesía de NALA.

“Es un enfoque holístico e integrado donde actuamos como catalizador”, dijo Bentwich. “No sustituimos a la comunidad local, sino que los ayudamos a ayudarse a sí mismos”.

¿Por qué necesitan los profesores, padres y el Ejército de Mujeres para el Desarrollo esta “enzima” israelí para actuar como catalizador?

“Etiopía es una sociedad muy estructurada”, explicó Bentwich. “La gente hace lo que se le pide. Carecen de la flexibilidad que da la innovación”.

Bentwich da un ejemplo para ilustrar el tipo de pensamiento innovador que se le ocurrió al equipo israelí: reutilizar los recipientes de plástico recogidos en la calle para usarlos como jarras para lavarse las manos.

También hay diferencia en el estilo de comunicación. “Algo típico de los israelíes es que hablamos sin rodeos”, dijo Bentwich. “Los etíopes, al contrario, son menos directos”.

El cambio de hábitos por sí solo no eliminará la propagación de la esquistosomiasis. Se necesitan construir tanques de agua y baños limpios, lo cual requiere dinero. “No podemos hacerlo todo con ayuda del exterior”, dijo Bentwich. Así pues, a las escuelas se le pide que sufrague el 30% del costo, con lo cual muestran su compromiso, a pesar de los escasos recursos que tienen.

Voluntarios de NALA enseñan a niños a lavarse las manos en Adwa. Cortesía.

NALA no sólo está interesada en detener la esquistosomiasis, sino también en otras enfermedades tropicales desatendidas, como lo explican las siglas de su nombre en inglés. Éstas son típicas de países donde el acceso al agua potable es difícil.

Aunque se ha prestado mucha atención al tratamiento del SIDA, la tuberculosis y la malaria en naciones en desarrollo, no se ha podido obtener el suficiente presupuesto y la atención para enfermedades como la esquistosomiasis o al tracoma (enfermedad ocular transmitida por bacterias.)

Estas dos “afectan a un cuarto de la población mundial”, según Bentwich. “Más de mil millones de personas sufren de parásitos”.

Bentwich es especialista en VIH y uno de los primeros médicos en Israel en lidiar con enfermedades causadas por virus. Su investigación mostró que si los parásitos intestinales de muchas enfermedades tropicales desatendidas se erradican, la probabilidad de infección por VIH también baja drásticamente. Fundó NALA porque le pareció que ya no podía permanecer indiferente y dedicarse sólo a la investigación.

Es ahora jefe del Centro de Enfermedades Tropicales Emergentes y SIDA en la Universidad Ben-Gurion del Negev.

NALA tiene 20 empleados en Etiopía y cinco en Israel. Bentwich, que se dedica a la recaudación de fondos y promocionar las actividades de la organización, cree que el azote de la esquistosomiasis puede ser erradicado.

“Lo tuvimos en Israel, pero ya ha desaparecido. No tiene que seguir existiendo”, dijo. “Desaparecerán si acabamos con los parásitos y los hábitats en los que viven”.