El hijo de Max Simonovsky, de dos años y medio, había aprendido a lavarse las manos. Pero un día, el agua del barrio de Rehovot donde vive la familia fue cortada debido a reparaciones, así que el pequeño pensó que si no había agua no tenía la necesidad de lavárselas después de jugar en la calle.

A Simonovsky le encantó la forma de pensar de su hijo, y lo comentó con sus amigos. Se dieron cuenta de que esta misma lógica puede aplicarse a millones en el mundo que carecen de agua corriente o electricidad.

Según estudios, las dos principales causas de muerte de niños pequeños en países en vías de desarrollo son la diarrea y las infecciones respiratorias. La UNICEF y la Organización Mundial de la Salud dicen que ambas causas podrían reducirse mediante prácticas de higiene frecuentes. Una es lavarse las manos.

Con esto en mente, Simonovsky estableció así las bases para una nueva compañía de impacto social, Soapy, que fabrica estaciones para el lavado de manos llamadas Soapy Stations y que fundó en 2017.

“Para mejorar los hábitos de higiene se necesita agua, jabón y capacitación, y también una acogida positiva y apoyo de la gente”, dijo Simonvsky. “Nos dimos cuenta de que podíamos proporcionar todo eso”.

Las estaciones, que operan solas y son alimentadas con energía solar y sin conexión a la red, usan agua extraída de la atmósfera. Un sistema inteligente inicia el ciclo de lavado automáticamente cuando alguien se acerca y dispensa la cantidad precisa de agua y jabón. Funciona a todas horas.

Niños de Bagepalli en una Soapy Station. Cortesía.

Varios inversionistas locales se asociaron con la compañía israelí para instalar las unidades en centros sociales, clínicas o escuelas y desarrollar programas educativos para fomentar el hábito de lavarse las manos.

La primera estación se ha establecido en la ciudad de Bagepalli, al sur de India. Otras abrirán pronto habrá en Delhi y Bangalore, en colaboración con Swasti Health Catalyst, una organización sin fines de lucro que pone en marcha innovaciones sociales para garantizar la salud y el bienestar de poblaciones indias marginadas.

“Me reuní con líderes comunitarios en Delhi y resultó interesante que la mayoría pedía unidades para sus propios hogares primero, antes de presentar la idea a la gente”, dijo Simonovsky a ISRAEL21c. “Ahora intentamos trabajar en esa dirección, porque será más fácil de poner en marcha si se tiene el apoyo de la población”.

Simonovsky explica que parte de la tecnología para las estaciones ya existía en el mercado, pero otros elementos debieron cambiarse.

Manos limpias, gracias a Soapy. Cortesía.

“La fórmula para el jabón, por ejemplo, tuvo que hacerse de nuevo porque el método usado hasta ahora necesita mucha más agua de la que podemos proporcionar, lo que resultaría en desperdicio de mucha agua en lugares donde hay escasez y que menos personas se pudieran lavar las manos. Con 100 litros de agua, nuestro sistema puede proporcionar más de 600 ciclos de lavado, mientras que otros sistemas similares sólo proporcionan entre 50 y 200 ciclos”.

Según Simonovsky, la exclusiva tecnología de Soapy para transformar la  humedad en agua segura sin infraestructura adicional “es mucho más barata que las tecnologías existentes, la cual proporciona máxima higiene a costo mínimo”.

Soapy, con sede en Tel Aviv, opera como compañía de impacto social con fines de lucro.

“Si uno quiere tener impacto real, el trabajo tiene que ser rentable o de lo contrario hay que apoyarse en inversionistas, y si estos desaparecen, uno también desaparece”, dijo Simonovsky, que tiene experiencia en el desarrollo de firmas farmacéuticas y de dispositivos médicos.

Soapy dio sus primeros pasos en la aceleradora Novus, ubicada en la institución donde estudió Simonovsky, el College of Management Academic Studies, en Rishon LeZion, que la escogió como la mejor compañía nueva de 2017.

La firma fue finalista en la fase regional de los WeWork Creator Awards de Israel y ocupó el segundo lugar en la final de iCreate Awards de 2018 en India, que la premió con 12.000 dólares. Obtuvo una beca Pears Challenge por su potencial para resolver un problema fundamental en países en vías de desarrollo.

Soapy ahora forma parte de la aceleradora 8200 EISP y ha empezado a recaudar fondos y a buscar socios.

ONGs y compañías industriales de India, Estados Unidos, Reino Unido y África han mostrado interés en la firma.

“Cuando lleguemos al nivel de producción a gran escala, probablemente fabricaremos las estaciones en India, pero toda la investigación y desarrollo y parte de la ingeniería permanecerán en Israel”.

El modelo de negocio y el precio de instalar donde se necesite varían mucho. El objetivo de la compañía es lograr que las unidades, que tienen un precio de entre 400 y 1.500 dólares, sean lo más baratas posible con cada nueva mejora. Los beneficiarios le pagan una suma simbólica por la instalación a la ONG asociada, o algún otro tipo de franquicia, para cubrir el mantenimiento y los suministros.

Simonovsky se muestra entusiasmado con el potencial de Soapy para mejorar las vidas de los niños.

“Los niños con buena salud van con más frecuencia a la escuela, por lo cual el impacto de una buena higiene no es sólo una mejor salud sino una mejor educación”, dijo.

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