Algunos disléxicos pueden mejorara la comprensión de lectura horneando tortas y jugando a juegos de estrategia en lugar de recurrir a técnicas más tradicionales como aprender los sonidos de las letras.

Esta es una de las sorprendentes conclusiones de un estudio publicado recientemente sobre “disléxicos resilientes” que llevaron a cabo investigadores de las universidades de Tel Aviv (TAU) y California, recinto de San Francisco.

La dislexia es un trastorno de la lectoescritura que se caracteriza por la dificultad en la “decodificación”, o sea la capacidad para pasar entre la forma visual —las letras— y los sonidos de un lenguaje. Sin embargo, los resilientes muestran niveles bastante altos de comprensión de lectura a pesar de sus dificultades para decodificar.

Para descubrir qué los hace diferente, los investigadores decidieron examinar cómo funcionan sus cerebros, para lo cual examinaron a 55 niños de habla inglesa de 10 a 16 años con una amplia variedad de problemas para leer. A la mitad se les había diagnosticado dislexia previamente.

Los investigadores crearon luego una sencilla fórmula para calcular la diferencia entre las capacidades para leer y la decodificación de aquellos. El siguiente paso fue someterlos a un escan magnético.

Al comparar los escanes de los cerebros con sus capacidades para leer, los investigadores descubrieron que la parte frontal izquierda del cerebro, conocida como DLPFC izquierdo, estaba directamente relacionada con estas diferencias.

DLPFC son las siglas en inglés de “corteza dorsolateral prefrontal”, que actúa como controlador de tráfico para las funciones ejecutivas del cerebro.

Los disléxicos resilientes tienen un DLPFC con más materia gris, el tejido más oscuro del cerebro y de la médula espinal, formado principalmente de cuerpos de células nerviosas y ramificaciones de dendritas.

El descubrimiento del papel del DLPFC planteó la clásica cuestión: ¿Qué fue antes, la gallina o el huevo?

“¿Tienen los disléxicos resilientes estructuras cerebrales distintas que permiten una mejor resiliencia o su éxito para leer es resultado de estrategias de compensación que alteraron la densidad de neuronas en una región específica del cerebro?”, preguntó la doctora Smadar Patael, investigadora de trastornos de la comunicación de la TAU,

Así pues, los investigadores volvieron a recurrir a las resonancias magnéticas.

En esta ocasión escanearon a 43 preescolares y tres años más tarde examinaron sus capacidades para leer. El resultado: la densidad de las neuronas en el DLPFC es anterior a la maduración de su capacidad para leer.

Esto es algo muy importante, pues permite que los médicos pronostiquen quién será disléxico resiliente, sin importar la capacidad de lectura inicial del niño. Y permite que los psicólogos desarrollen ejercicios que hacen énfasis en la “memoria funcional”, la cual puede mejorar sus habilidades para comprender lo que leen.

“Si su hijo empieza en la escuela de primaria, practicar el alfabeto no sería suficiente”, dijo Patael, quien dirigió el estudio con la profesora Fumiko Hoeft de la Universidad de California y próxima directora del Centro de Investigación de Imágenes Cerebrales de la Universidad de Connecticut.

Tal vez hornear una torta y adornarla con el alfabeto encima podría ser lo que los disléxicos resilientes necesitan para tener éxito.