“Por años la cuestión de la sustentabilidad realmente me disuadió. Porque no voy a con zapatos de tela, no empezaré a viajar en autobús ni dejaré de usar mi lavadora – le dijo Tammie Ronen, profesora senior de la Universidad de Tel Aviv, a ISRAEL21c en Español- pero cada uno de nosotros puede elegir qué y cuánto le gustaría hacer. Eso significa que no se puede hacer absolutamente todo ni convertirnos en criaturas extrañas que abrazan a los árboles. En cambio, no arrojo basura, reciclo, no uso plásticos descartables y trato de utilizar productos que sean más amigables con el medio ambiente”.

Profesora Tammie Ronen de la Universidad de Tel Aviv. Foto cortesía de Tammie Ronen

Para Ronen, cada uno puede aportar su parte y lo mejor es no acercarse a la gente para decirle qué no debe sino para animarlos a que elija que puede hacer para contribuir al medio ambiente de una forma que las personas no arruinen sus vidas pero sí contribuyan a combatir la crisis climática.

En pocas palabras esa la base del campo emergente de la sustentabilidad positiva. Ronen, que proviene del campo de la psicología positiva y hasta hace poco tiempo era directora de la facultad de ciencias sociales de Universidad de Tel Aviv, investiga esto junto a su colega Dorit Kerret, del campo de las políticas públicas, donde se especializa en derecho, estudios ambientales y salud pública.

La doctora Dorit Kerret de la Universidad de Tel Aviv. Foto cortesía de Dorit Kerret

Ambas unieron fuerzas al darse cuenta de que sus respectivas áreas podían poner en primer plano un enfoque innovador para la sustentabilidad positiva.

“El bien por nosotros y por la Tierra”

Kerret explicó que la sustentabilidad positiva no se trata de lo que no hay hacer porque daña al medio ambiente sino de lo que “todos y cada uno de nosotros podemos hacer bien tanto para nosotros como para el medio ambiente”.

Según la científica, esto se debe a que nuestro bienestar personal a menudo se correlaciona con la salud del medio ambiente. “La parte que se superpone entre lo que es bueno para nosotros y lo que es mejor para el entorno ambiental es mucho más grande de lo que tendemos a pensar”, expresó.

Una marcha en Tel Aviv para pedir una acción contra el cambio climático, 29 de octubre de 2021. Foto: Avshalom Sassoni/Flash90

Kerret también explicó que en el momento de comprar ropa la gente podría pensar que sería mucho mejor comprar un montón de prendas y llenar el armario pero que eso también tiene muchas desventajas en términos del bienestar personal. “Si bien genera un aumento en la felicidad, luego me deprime porque requiere dinero, tiempo, espacio en el ropero y muchas otras cosas que son menos buenas para mí”, describió.

En ese sentido, remarcó que un curso de acción alternativo y más ecológico podría ser asistir a una feria de intercambio de ropa: “Cada uno trae sus propias prendas bonitas y en buenas condiciones, y se encuentra en un evento social e intercambia artículos. Eso es bueno para el medio ambiente y para cada uno porque, en términos de psicología positiva, las redes sociales son una de las cosas más importantes para el bienestar personal”.

Crear significado crea felicidad

Otra manera en que el cuidado del medio ambiente contribuye al bienestar personal es la oportunidad de crear significado. “En la actualidad no solo queremos existir sino estar bien y sentir plenitud y satisfacción, ser felices. De ese modo, examinamos hasta qué punto el plan de estudios en las escuelas ecológicas modifica el comportamiento ambiental de los niños. Hemos visto que los pequeños que invierten en algo y se sienten involucrados, como ayudar a limpiar su entorno o cuidar a los animales, son más felices”, dijo Ronen.

Para ella, el significado también trata de participar en alguna acción con valor social: “La sustentabilidad se vuelve socialmente más valiosa en todo el mundo. Vemos que las personas que se involucran con lo que le importa a la sociedad son más felices”, definió Ronen.

Las investigadoras señalaron que hay una conexión adicional, que es que estar cerca de la naturaleza simplemente hace bien.

“Desde que surgió la pandemia de COVID-19, me levanto a la mañana, me hago un café y salgo al patio, Me siento allí a las 5 de la madrugada y escucho a los pájaros mientras estoy rodeada de mis maravillosas plantas. Así, empiezo el día con una sensación mucho mejor en comparación con comenzarlo con un atasco de tráfico”, subrayó Ronen.

Por su parte, Kerret destacó que aquellos que tienen una conexión buena y fuerte con la naturaleza actúan de manera más “ambiental” y que “cuanto más joven es la edad en que se construye la conexión, más fuerte es y más duradera se mantiene”.

Una espiral positiva

Kerret enfatizó en el concepto de espiral positiva: “Cada persona empieza con ese pequeño acto que está dispuesta a hacer y poco a poco eso comienza a crecer. El hecho de ver que se está logrando crear un cambio es un buen sentimiento. A la vez  crea una norma social alrededor, que es como las cosas generan un impacto, porque uno tiene influencia como consumidor. Si se construye una identidad medioambiental, eso no para nunca de crecer”.

¿Qué pasa con los titulares apocalípticos que se leen cada día sobre el tema?

“Primero, creo que hemos visto que asustar a la gente no funciona. Durante años oí sobre el agujero de ozono y no me aportó nada. La cobertura de los medios sobre la sustentabilidad me deja con la sensación de que no me queda nada por hacer, que soy pequeña, que el mundo está siendo destruido y yo seré destruida con él. Es por ello que considero clave devolverles el poder a las personas porque todos queremos sentir control y saber que tenemos la capacidad de influir en las cosas y que nuestras acciones más pequeñas son valiosas”, añade relató Ronen.

Es posible alentar a las personas a actuar de manera personal para ayudar a mitigar la ansiedad personal y colectiva. Foto: Avshalom Sassoni/Flash90

A modo de ejemplo, basta observar cómo los israelíes no dejan el grifo abierto mientras se cepillan los dientes.
Desde la infancia, se le ha inculcado a la sociedad que para preservar los preciosos y escasos recursos hídricos no hay que desperdiciar ni una gota.

La esperanza como estrategia

Las investigadoras marcaron que se han hecho ya muchas investigaciones con respecto a las estrategias para afrontar el cambio climático, y que la esperanza es una de esas estrategias. “No se trata de una esperanza en el sentido del sentimiento sino de los cursos de acción que se pueden tomar para mejorar la situación”, explicó Kerret.

Y Ronen añadió: “Siempre hay un camino intermedio. Es bueno que una persona esté algo preocupada y ansiosa porque la ansiedad de bajo nivel fomenta la acción. Cuando uno es indiferente, no le importa lo que hace pero en este caso es posible decir ‘me importa, estoy preocupado pero voy a canalizar mi ansiedad a la acción’”.

Una posible acción .0es alentar a los adolescentes, que son susceptibles a la ansiedad y buscan significados, a que se preocupen más por el medio ambiente y actúen para mitigar sus miedos.

“Creo que la dirección correcta es equilibrar los desastres que ocurren y decirles a los jóvenes que tienen la capacidad de influir en las cosas y que incluso el curso de acción más pequeño les dará un sentido de significado. Siempre se trata de cuánto los inundamos con información y cuánta sensación les damos de que se puede hacer algo con esto”, finalizó Ronen.